miércoles, 28 de julio de 2010

lunes, 26 de julio de 2010

sobre qué escribo

Intuición, duda, miedo, inquietud y libertad en la escritura dramática o La energía que provoca haber tomado una decisión inquietante.
Si tuviera que, a la fuerza, definir lo que escribo, diría que escribo sobre aquello que me da miedo y que no sé, sobre todo lo que dudo, y, también, sobre lo que me da vergüenza decir. Creo que la idea de voy a escribir sobre esto de lo que no sé si seré capaz es la mejor decisión de todas las que puedo tomar antes de enfrentarme a la escritura de un texto dramático. Estoy convencido de que las mejores obras se escriben ellas solas y de que el dramaturgo tan sólo ha de ser sincero consigo mismo y tomar las mejores y más acertadas decisiones. Un texto dramático no debería ser bueno por lo que se dice en él, sino por lo que esconde; y escribir debería ser siempre lo más parecido a desenterrar a un muerto, sacarlo de su tumba y mirarle a la cara. Cuando no quiero o me digo a mí mismo que no me apetece escribir sobre algo, sé que es justamente de eso sobre lo que tengo escribir, ya que la esencia del ser humano es sentir antes que pensar, y actuar según esos sentimientos. Si el arte ha de provocar, no existe nada más provocador que descubrir aquello que uno nunca hubiese querido saber o escuchar. (Paco Bezerra, dramaturgo)
Gracias Paco, esto mismísimo pienso y tú lo has escrito.)

jueves, 22 de julio de 2010

Hamlet, acto 3 escena 1

Ser o no ser. Esta es la cuestión.
Si es más noble sufrir en los ánimos los tiros y flechazos de la insultante fortuna o alzarse en armas contra un mar de agitaciones y enfrentándose con ellas, acabarlas.
Morir, dormir, nada más, y con un sueño decir que acabamos el sufrimiento del corazón y los miles de golpes naturales que son herencia de la carne.
Esa es una consumación piadosamente deseable: morir, dormir, dormir, quizás soñar. Si , ahí está el tropiezo, pues tiene que preocuparnos qué sueños podrán llegar en ese sueño de muerte, cuando nos hayamos desenredado de este embrollo mortal.
Esa es la consideración que da tan larga vida a la calamidad,
Pues, ¿quién soportaría los latigazos y los insultos del tiempo, el agravio del opresor, la burla del orgulloso, los espasmos del amor despreciado, la tardanza de la justicia, la insolencia de los que mandan y las patadas que recibe de los indignos el mérito paciente, si él mismo pudiera extender su documento liberatorio con un simple puñal?
¿Quién aguantaría cargas, gruñendo y sudando bajo una vida fatigosa, si no temiera algo después de la muerte, el país sin descubrir, de cuyos confines no vuelve ningún viajero, que desconcierta la voluntad y nos hace soportar los males que tenemos mejor que volar a otros de que no sabemos?
Así, la conciencia nos hace cobardes a todos y el colorido natural de la resolución queda debilitado por la pálida cobertura de la preocupación y las empresas de gran profundidad y empuje desvían sus corrientes con esta consideración y pierden el nombre de la acción…