lunes, 21 de diciembre de 2015

Para ser escritor...por Stephen King

Si quieres ser escritor, lo primero es hacer dos cosas: leer mucho y escribir mucho. No conozco ninguna manera de saltárselas. No he visto ningún atajo.
Yo soy un lector lento, pero con una media anual de setenta u ochenta libros, casi todos de narrativa. No leo para estudiar el oficio, sino por gusto,
Cada noche me aposento en el sillón azul con un libro en las manos. Tampoco leo narrativa para estudiar el arte de la narrativa, sino porque me gustan las historias. Existe, sin embargo, un proceso de aprendizaje. Cada libro que se elige tiene una o varias cosas que enseñar, y a menudo los libros malos contienen más lecciones que los buenos.
Cuando iba a octavo encontré una novela de bolsillo de Murray Leinster, un escritor de ciencia ficción barata cuya producción se concentra en los años cuarenta y cincuenta, la época en que revistas como Amazing Stories pagaban un centavo por palabra, Yo ya había leído otros libros de Leinster, bastantes para saber que la calidad de su prosa era irregular. La novela a que me refiero, que era una historia de minería en el cinturón de asteroides, figuraba entre sus obras menos conseguidas. No, eso es ser demasiado generoso; la verdad es que era malísima, con personajes superficiales y un argumento descabellado. Lo peor (o lo que me pareció peor en esa época) era que Leinster se había enamorado de la palabra zestful, «brioso». Los personajes veían acercarse a los asteroides metalíferos con «briosas sonrisas», y se sentaban a cenar «con brío» a bordo de su nave minera. Hacia el final del libro, el protagonista se fundía con la heroína (rubia y tetuda) en un «brioso abrazo». Fue para mí el equivalente literario de la vacuna de la viruela: desde entonces, que yo sepa, nunca he usado la palabra zestful en ninguna novela o cuento. Ni lo haré, Dios mediante.
Mineros de asteroides (no se llamaba así, pero era un título parecido) fue un libro importante en mi vida de lector. La mayoría de la gente se acuerda de cuándo perdió la virginidad, y la mayoría de los escritores se acuerdan del primer libro cuya lectura acabaron pensando: yo esto podría superarlo. ¡Cono, si ya lo he aperado! ¿Hay algo que dé más ánimos a un aprendiz de escritor que darse cuenta de que lo que escribe, se mire como se mire, es superior a lo que han escrito otros cobrando?
Leyendo prosa mala es como se aprende de manera más clara a evitar ciertas cosas. Una novela como Mineros de asteroides (o El valle de las muñecas. Flores en el ático y Los puentes de Madison, por dar algunos ejemplos) equivale a un semestre en una buena academia de escritura, incluidas las conferencias de los invitados estrella.
Por otro lado, la buena literatura enseña al aprendiz cuestiones de estilo, agilidad narrativa, estructura argumental, elaboración de personajes verosímiles y sinceridad creativa. Quizá una novela como Las uvas de la ira provoque desesperación y celos en el escritor novel («No podría escribir tan bien ni viviendo mil años»), pero son emociones que también pueden servir de acicate, empujando al escritor a esforzarse más y ponerse metas más altas. La capacidad arrebatadora de un buen argumento combinado con prosa de calidad es una sensación que forma parte de la formación imprescindible de todos los escritores. Nadie puede aspirar a seducir a otra persona por la fuerza de la escritura hasta no haberlo experimentado personalmente.
Vaya, que leemos para conocer de primera mano lo mediocre y lo infumable. Es una experiencia que nos ayuda a reconocer ambas cosas en cuanto se insinúan en nuestro propio trabajo, y a esquivarlas. También leemos para medirnos con los buenos escritores y los genios, y saber hasta dónde se puede llegar. Y para experimentar estilos diferentes.
Quizá te encuentres con que adoptas el estilo que más admiras. No tiene nada de malo. De niño, cuando leía a Ray Bradbury, escribía como él: todo era verde y maravilloso, todo visto por una lente manchada por el aceite de la nostalgia. Cuando leía a James M. Cain me salía todo escueto, entrecortado y duro. Cuando leía a Lovecraft, mi prosa se volvía voluptuosa y bizantina. Algunos relatos de mi adolescencia mezclaban los tres estilos en una especie de estofado bastante cómico. La mezcla de estilos es un escalón necesario en el desarrollo de uno propio, pero no se produce en el vacío. Hay que leer de todo, y al mismo tiempo depurar (y redefinir) constantemente lo que se escribe. Me parece increíble que haya gente que lea poquísimo (o, en algunos casos, nada), pero escriba y pretenda gustar a los demás. Sin embargo, sé que es cierto. Si tuviera un centavo por cada persona que me ha dicho que quiere ser escritor pero que «no tiene tiempo de leer», podría pagarme la comida en un restaurante bueno ¿Me dejas que te sea franco? Si no tienes tiempo de leer es que tampoco tienes tiempo (ni herramientas) para escribir. Así de sencillo.
Fuente: Mientras escribo, Stephen King, Plaza y Janés, Barcelona, 2002.

miércoles, 2 de diciembre de 2015

La primera de las evidencias: una realidad, tal cual era, ya no es...

Su restitución es imposible. 
Recordar absolutamente todo. Caducidad. Eliminación. Paso del tiempo. Distracción. Bloqueo. Atribución errónea. Sugestión. Sesgo. Persistencia. 
¿Cuál es la función del olvido?

Instantáneas de este viaje por el recuerdo, nunca igual a si mismo, inexistente...
Fotos por Mai Redondo, Santiago Botet y Diego Sagioratto

lunes, 30 de noviembre de 2015

Los ignorantes ( o la función del olvido)

La palabra "olvidar" viene del latín vulgar y significa deslizarse de la memoria. Que se desprende de la memoria. "Recordar" viene del latín recordari. Re: de nuevo - cordis: corazón. Recordar es volver a pasar por el corazón. 
Una mujer se cruza de casualidad en un aeropuerto con un amor postergado treinta años antes. Un hombre encuentra su diario de juventud y no se reconoce en él. Ambos regresan a su ciudad natal.
Retenemos una miserable parcela de lo que vivimos sin que nadie sepa por qué exactamente ésa y no otra. La primera de las evidencias: una realidad, tal cual era, ya no es. Su restitución es imposible. Pero, cuál es la función del olvido? Y, qué procedimientos reclama una obra que hable de la memoria como fenómeno?
Sábados a las 20 en Habitar Gómez | Valentín Gómez 3155 | CABA

Actúan: Nicolas Serraiti y Cecilia Colombo | Vestuario: Diana Álvarez | Música: Norberto Moreno | Luces: Facundo Estol | Video: Santiago Botet | Fotos: Santiago Botet, Mai Redondo y Pablo Saggioratto | Asistente de sala: Valeria Cardinale |  Asistente de dirección: Jazmín Mendiburu | Dramaturgia y dirección: Ana Laura Suarez Cassino


ph: Mai Redondo

ph: Santiago Botet


ph: Mai Redondo

jueves, 19 de noviembre de 2015

escribo porque tengo terror

“La cardióloga – la incertidumbre germina como un poroto en un frasco, de esos que hacíamos con una hoja canson en el colegio… Usar otro verbo? Cual? Lidiar? Lidiar con la incertidumbre? Es un insecto que gira en círculos como un avión a chorro y  apenas apoya sus patas minúsculas en la oreja cuando tratás de espantarlo con un movimiento que lo sorprenda en seco y lo desoriente. Pero no, está ahí, dando vueltas alrededor, zumbado en cámara lenta, tan lenta que puede verse cada vez que abre y cierra las alas calculando con certeza su arremetida, porque la incertidumbre chorrea, desborda espesa e irresistible. Acecha.
Me vi en el espejo y vi el dolor. Ese dolor que solo se transita en soledad…Este centímetro de pelo me deja los remolinos al descubierto. Habrá que decirlo todo de nuevo? Una palabra que contenga todo. Que invente todo de mi o de la soledad. Da igual. No se cómo seria. Si tan solo alcanzara  para nombrar el tiempo o para golpearlo o destruirlo... Princesa de nunca, virgen hasta ahora, paciente de paciencia, me voy a quedar inmóvil mirando por la ventana, con el mentón y los hombros en una misma diagonal como una esfinge ciega de cuarto perfil, esperando que todo pase, que todo vuelva a reagruparse, que vuelva a ser para no ser, pero algo, alguien, otra, sobreviviente de la marejada que se estrelló despótica bajo mis pies dejándome un balde en el lugar del corazón y una alfombra de bichos muertos, esos que no sirven ni para comerlos y que se pudren con el sol del día siguiente sobre la arena y yo así todavía inmóvil, con un cierre desde el ombligo al esternón y sin poder siquiera reaccionar…


Es tarde y esta almohada esta húmeda… en mi mano? en la palma? Detesto la palabra amor, pero no se de que otra forma llamarlo. Diminuto como un recuerdo, amorfo, clavado como una aguja y sangrando. Un amor sordo que aprendió de doler y de dolor antes que yo. Sabrá que lo llamo asi? No soy una desagradecida. Está el que expone y el que se exhibe y el que se duerme solo todas las noches. Las cosas pasaron rapidísimo y el amor hace necesario el azar. Amar a alguien solamente por haber estado ahí, en ese momento. Apenas me despabilé de la anestesia me di cuenta! Algunos se morirán el fin de semana, otros volverán de viaje. Estamos en primavera y sopla un viento helado...”
Sólo lo inútil es placentero (fragmento). Noviembre de 2015



martes, 18 de agosto de 2015

Se viene...

La palabra "olvidar" viene del latín vulgar y significa deslizarse de la memoria. Que se desprende de la memoria. "Recordar" viene del latín recordari. Re: de nuevo – cordis: corazón. Recordar es volver a pasar por el corazón. 
Una mujer se cruza de casualidad en un aeropuerto con un amor postergado treinta años antes. Un hombre encuentra su diario de juventud y no se reconoce en él. Ambos regresan a su ciudad natal.
Retenemos una miserable parcela de lo vivido sin que nadie sepa por qué exactamente ésa y no otra. La primera de las evidencias: una realidad, tal cual era, ya no es. Su restitución es imposible. Pero, cuál es la función del olvido? Y, qué procedimientos reclama una obra que hable de la memoria como fenómeno? 

Los ignorantes. Estreno octubre 2015. Teatro Habitar Gómez

sábado, 17 de enero de 2015

Luces de un año que comienza. Destellos. Sombras

Para mi, escribir es pelear, pelear  contra todo y contra todos, y lo mas, pelear en mi contra - y se bien lo que digo, no hay ingenuidad ni jactancia barata-. Y como de muchos modos me amo y me detesto sin pudor alguno, no quiero que la derrota me venga de afuera. Y así, amo y detesto a la gente de aquí, a esta tierra, mi gente, mi única tierra. Debo, quiero, tengo que escribir por ellos, contra ellos. Vanidad, soberbia, ciertamente. Porque amor sin soberbia no es amor, sino andar de pedigüeño; y la soberbia es la condición primera del escritor, antes que el don y la aplicación; en ella envuelve su quebrazón original, su gratuidad, la personalísima y creciente sospecha de ser innecesario. Si le quitas la soberbia, lo haces pordiosero.
Ricardo Garibay.

Contra la violencia de género

El 25 de noviembre de 2014 en la Cámara de Diputados de la Nación hice con una grupo de valientes compañeras legislativas - que inauguraron con creces sus carreras actorales - una intervención contra la Violencia de género. Primero fue en el Salón de las Provincias (Senado) y mas tarde en el Salón de los Pasos Perdidos (Diputados) en la presentación del Manual de Violencia Laboral, por parte del Ministerio de Trabajo de la Nación, la H. Cámara de Diputados y APL. 

Mujer casta, madre sumisa, asexuada, apolítica, reproductora 
Mujer casta, madre sumisa, asexuada, apolítica, reproductora 
Mujer casta, madre sumisa, asexuada, apolítica, reproductora 
Mujer casta, madre sumisa, asexuada, apolítica, reproductora de los valores patriarcales