El tiempo, lo que sedimenta y lo que se diluye en nuestra memoria, las elecciones racionales y aquellas sobre las que no tenemos - o no creemos tener - control son
algunas de las líneas que hacen sinapsis en  Los ignorantes (o la función del olvido) 
de Ana  Laura Suarez Cassino. 
Una mujer (interpretada con soltura por Cecilia Colombo) se cruza en un aeropuerto
con un amor más joven (Nicolás Serraiti) "postergado por 30 años". Ambos regresan
a su ciudad natal en un viaje temporal entre el presente y el pasado en el que se
produce la apertura hacia sus recuerdos y olvidos. 
Vestuario, iluminación y sonido acompañan a la breve historia que mantiene un
ritmo constante sin necesidad de complicarse más allá de la propia dificultad que
afrontan los personajes y su relación. 
Con una puesta en escena austera donde los espacios mentales y corporales marcan geografías corales para el espectador, Los ignorantes... tiene el círculo virtuoso del
tiempo construido a partir de la pregnancia de imágenes que se asientan en los
detalles, como la cobertura de chocolate de un helado que se derrite;  las omisiones,
la  ausencia de un nombre; o  la historia que se recorta, en un diario de juventud que
oculta más de lo que revela. 
Los actores en escena muestran sus perspectivas desde una pequeña orgía
compuesta por un yo, un vos, un nosotros y un creo. Perspectivas en las que las
funciones del  olvido, el desliz  y el recuerdo juegan a la par. Aunque en el transcurso de
la pieza teatral  una de las líneas que avanza, de manera perturbadora sobre la historia,
es aquella en  la que el espectador se pregunta si acaso el olvido no adquiere el carácter
de un recuerdo en sí mismo.
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